¿Qué hacen juntos un fisioterapeuta, una ama de casa, una enfermera, un sociólogo, un profesor y un arquitecto?
¿Y si, además, tienen que reconocer el entorno desde los ojos de Candela, una vecina que se desplaza con andador; de Manu, que tiene que ir al colegio; de Laura, que tiene que hacer recados o de Joan, que tiene que comprar los ingredientes para preparar una escudella?
La semana pasada celebramos el segundo taller con la Comunidad de Práctica +Actiu, esta vez liderado por el equipo de Ciudades Saludables formado por Marta Rofín, Celia García, Amber de la Haye y Sofia Aivalioti, y con el apoyo de la ICO-Idibell equipo formado por Paula Jakszyn y Mercedes Gil, así como la Facultad de Ciencias de la Salud Blanquerna representante Júlia Ollé.
Casi 30 personas, entre profesionales de diferentes ámbitos (urbanismo y salud), vecinos y técnicos del Ayuntamiento, participaron en esta jornada que tenía el doble objetivo de 1) analizar el entorno urbano para identificar los condicionantes de un estilo de vida activo y 2) identificar actuaciones prioritarias para dar respuesta a las necesidades previamente detectadas.
Para ello, se realizaron varias sesiones a lo largo de la jornada, distribuidas entre la Oficina del Plan Integral y el entorno de la Avenida Cataluña. En primer lugar, se realizó una ruta exploratoria por equipos en el entorno de la avenida. A través de diferentes situaciones cotidianas propuestas, los equipos analizaron aspectos urbanos que pueden condicionar nuestra salud: desde la configuración del barrio, la movilidad, la oferta de servicios y equipamientos, o las zonas verdes y el espacio público. Ponernos en la piel de los demás nos ayuda a comprender mejor cómo influye el entorno en nuestro estilo de vida y en la promoción de la actividad física.
Aunque el proyecto se centra en personas con patologías crónicas, dado que el sedentarismo es especialmente prevalente entre este colectivo, se ha demostrado que la (in)actividad física está relacionada con todas las características del entorno urbano, por lo que el taller abordó todas ellas.
Con este objetivo, los equipos debían realizar un diagnóstico del barrio, valorando todos los aspectos que lo caracterizan y compartiendo con el resto de equipos su visión de la situación, analizada desde puntos de vista muy heterogéneos. Combinando estos puntos de vista, obtuvimos la visión global del barrio, que quedó plasmada en un diagrama de araña en el que se asignaron puntuaciones a cada uno de los aspectos. Pudimos observar que, aunque cada grupo había prestado atención a aspectos y detalles más específicos del entorno, las conclusiones reflejaban un diagnóstico compartido: aunque el barrio cuenta con mucha actividad comercial y una amplia oferta de servicios y equipamientos, estos no parecen ser suficientes para cubrir las necesidades de un barrio hiperdensificado, en el que además hay escasez de espacios abiertos como parques y lugares de encuentro social. La cuestión de la movilidad y el uso del vehículo privado también generó debate, ya que existe una gran superficie dedicada a aparcamiento privado y una falta de integración de infraestructura ciclista y rutas prioritarias para peatones en el conjunto de la zona.
Este diagnóstico se ha completado con el Generador de Ciudades Saludables, nuestra herramienta que permite identificar aspectos del entorno urbano que necesitan mejora a partir de los datos sanitarios más desfavorables, en este caso de La Florida y Les Planes. Junto con una parte del diagnóstico participativo, se ha puesto de manifiesto que en este contexto es imprescindible ampliar la cobertura verde y mejorar el espacio público. La combinación de un análisis objetivo con otro más cualitativo permite obtener una imagen más fiable y precisa del contexto.
Finalmente, se pidió a cada grupo que elaborara una propuesta basada en las conclusiones previas del análisis. La variedad de ideas que emergieron puso de manifiesto la necesidad de incorporar a la ciudadanía y a los expertos profesionales de forma conjunta en los procesos de diseño y toma de decisiones para la creación de espacios comunes. Las propuestas iban desde la creación de corredores verdes en todo el barrio con recorridos para la movilidad activa y la reducción del tráfico y del espacio de aparcamiento, hasta la creación de zonas de encuentro intergeneracional o la introducción del agua como elemento ornamental y como recurso para el riego y el ocio, poniendo siempre el foco en los diferentes colectivos que viven en el barrio y en cómo este entorno podría ser promotor de un estilo de vida activo y saludable.
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