En 1948, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Entonces, ¿qué es una ciudad saludable?
Una ciudad saludable no es, sin duda, una ciudad llena de hospitales, sino un entorno de calidad que facilita y fomenta un estilo de vida pleno y saludable, tanto física como emocionalmente. Es un entorno que nos hace sentir felices, porque la salud y la felicidad están estrechamente relacionadas.
La ciudad saludable se trata de bienestar y calidad de vida desde una perspectiva holística, por lo que involucra cuestiones como espacios públicos, áreas verdes, equipamientos, usos mixtos, vivienda, movilidad, entre otros.
Es un tema increíblemente amplio y transversal con innumerables interacciones entre diferentes departamentos y dominios de políticas más allá de la planificación urbana.
Nuestra red ha decidido abordar el desafío desde tres puntos de partida diferentes pero complementarios: ecologización y paisaje; conectividad-movilidad-accesibilidad; e impacto en el estilo de vida.
Los tres temas están profundamente interconectados pero tienen aspectos específicos que deseamos examinar con más detalle, por lo que estos son los temas que hemos estado abordando en nuestras reuniones temáticas (“deep-dives”) durante los últimos meses.


Los dos primeros temas (ecologización y paisaje; conectividad-movilidad) son quizás los más evidentes en relación con la planificación urbana, pero el tercero (estilo de vida) también es muy relevante. Exploramos si el entorno urbano facilita o dificulta un estilo de vida saludable y señalamos las conexiones entre el estilo de vida y la planificación urbana mediante el análisis y el diseño. calles, espacios públicos y el uso de la tierra “”mixticidad” – tres elementos clave del entorno urbano que tienen un gran impacto en la forma en que vivimos, nos movemos, interactuamos y socializamos unos con otros.
Resulta sorprendente que casi el 701% de la mortalidad mundial anual se atribuya al desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles (cardiovasculares, respiratorias, diabetes, cáncer, etc.), cuyo denominador común es la alta prevalencia de factores ambientales y de estilo de vida, como la falta de actividad física, la mala alimentación y la mala calidad del aire. En cierto modo, los entornos urbanos que hemos construido nos están matando al obligarnos a vivir estilos de vida poco saludables. Es evidente que crear un entorno saludable que promueva un estilo de vida activo tiene un impacto directo en nuestra salud.
Normalmente, los animales construyen sus nidos según sus necesidades, protegiéndose de las inclemencias del tiempo o facilitándose la vida en un entorno hostil. Los materiales, la ubicación, la orientación… todo responde a una lógica natural: crear un entorno más favorable para la vida.
Es impensable que la mayoría de nuestros entornos urbanos, “nuestros nidos”, sean entornos hostiles, perjudiciales para nuestra salud y opuestos a nuestras necesidades como seres humanos.
La ciencia detrás del concepto de ciudad saludable
La evidencia científica es clara: la calidad del aire, el ruido, la falta de espacios verdes, el calor y la falta de actividad física tienen un impacto en enfermedades cardiovasculares, respiratorias, musculares, psicológicas y reproductivas.
Caminar a paso ligero durante 30 minutos al día reduce el riesgo de infarto en un 20-30%, el de diabetes en hasta un 40% y el de depresión en un 30% (NHS Scotland, 2011). Ante esta evidencia, la planificación urbana debe proporcionar el entorno adecuado para facilitar esta actividad física diaria de forma cómoda, accesible y segura.
Los espacios verdes también tienen un impacto importante a diferentes niveles. Disponer de un espacio verde a menos de 500 m del hogar triplica la actividad física (Coombes, 2010), lo cual es especialmente relevante considerando que el 53% de la población europea tiene sobrepeso. Además, se estima que la contaminación atmosférica causa 800.000 muertes prematuras en Europa cada año (Netheri R. 2019), y que más del 80% de la población urbana respira aire con niveles de partículas PM2,5 superiores a los recomendados por la OMS (S. Khomenko, 2021). Además, a nivel mundial, la contaminación acústica aumenta la probabilidad de enfermedades cardiovasculares en un 17%, lo que provoca hasta 10.000 muertes prematuras cada año.


Si se cumplieran las recomendaciones de la OMS sobre actividad física, calidad del aire, ruido, calor y acceso a espacios verdes, se estima que se podrían prevenir 20% de muertes prematuras cada año en Barcelona, lo que supondría un ahorro de 9.300 millones de euros anuales (N.Mueller et.al, 2016).
La evidencia es tan amplia y clara que olvidar la salud al planificar nuestros entornos urbanos ya no es una opción aceptable. Ya no es una cuestión de fe ni de voluntad, sino una necesidad simple y evidente.
La Red de Ciudades Saludables
Estamos convencidos de la evidencia científica y la necesidad de entornos más saludables, por lo que la Red de Ciudades Saludables está construyendo un puente de doble vía que vincula la evidencia científica y la práctica (planificación urbana, diseño urbano y política urbana).
En primer lugar, analizamos y comprendemos cómo el entorno urbano en el que vivimos afecta nuestra salud, evaluando el impacto de las decisiones de planificación urbana en la salud. Utilizamos una metodología de Evaluación de Impacto en la Salud para desarrollar un Plan de Acción Integrado y visualizar su impacto en los indicadores de salud.
En segundo lugar, vamos un paso más allá, porque el mero análisis no basta. Queremos ser proactivos, por lo que exploramos cómo podemos mejorar nuestra salud utilizando la planificación urbana como herramienta y motor del cambio, buscando la mejor manera de incorporar la perspectiva de la salud en el proceso y el diseño de la planificación urbana.
Además, utilizamos la salud como objetivo y punto de entrada para planificar y diseñar nuestras actividades urbanas.
Si hay algo necesario para planificar una ciudad saludable es entender que la salud es un tema transversal (como define la OMS “salud en todas las políticas”) y por eso trabajar de forma integrada es un ingrediente básico para el éxito.
Este trabajo también es altamente interdisciplinario. Nuestra Red de Ciudades Saludables y nuestros grupos locales involucran a diversos departamentos y ámbitos políticos: planificación urbana, infraestructura, movilidad, ecologización, calidad del aire, deportes, cultura, educación y, por supuesto, salud pública y el propio sistema de salud. Al mismo tiempo, mantenemos el enfoque en la planificación urbana como un ámbito holístico que integra todos estos ámbitos y contribuye a construir comunidades saludables.
Este artículo fue publicado originalmente en URBACT el 29/07/2021